Mitos y Leyendas: El junco
Publicado el 25/01/2024 a las 09:12
- Genny de Bernardo te comparte la leyenda del junco.
- Se trata de la historia de una mujer vanidosa que de alguna forma se burla de sus pretendientes.
- El dios Tupá no tolera esta actitud decide darle un castigo.
En las cálidas tierras habitadas por los guaraníes, donde las selvas sombreaban y los ríos fluían con sus murmullos, vivía una mujer indígena de extraordinaria belleza conocida como Pirí. Su belleza rivalizaba con su vanidad.
Cuando el sol comenzaba a pintar de tonos rojizos las aguas del río Paraná al atardecer, Pirí se dirigía a la orilla del río con una gracia que resaltaba su esbelta figura.
Dejaba caer sus largos cabellos negros y mientras los trenzaba, se miraba a sí misma en el reflejo del agua, deleitándose en su propia apariencia.
«Soy realmente hermosa», se decía a sí misma. Este era un ritual que repetía cada día sin falta.
Pirí molesta a Tupá

A lo largo del tiempo, varios jóvenes de su tribu se habían enamorado de Pirí, pero ella apenas les prestaba atención. Cuando se dignaba a hablarles, lo hacía solo para burlarse de sus sentimientos.
Los regalos que le ofrecían eran arrojados sin remordimientos a la distancia, sin preocuparse por el dolor que causaban en los corazones de sus pretendientes. Sus días estaban llenos de ociosidad y contemplación egoísta.
Un día, el dios de los guaraníes, Tupá, irritado por la actitud de Pirí, se le apareció.
Con una voz llena de enojo, le habló de la siguiente manera: «Pirí, cada ser humano tiene la responsabilidad de ser generoso con sus semejantes y de dar un propósito a su vida».
El castigo de Tupá

«Tú has desperdiciado los dones que te he dado generosamente. Por eso, sufrirás un castigo. Serás transformada en otro tipo de ser. Te convertirás en una planta tan hermosa y flexible como eres ahora».
«Serás el compañero constante de los hombres y mujeres de esta tierra, compartiendo todos los momentos de sus vidas». Tras estas palabras, Tupá desapareció, y con él desapareció también Pirí.
Sus jóvenes enamorados la buscaron incansablemente en la selva, a lo largo de las orillas del río y entre las flores, pero no encontraron ni rastro de la hermosa india.
Un día, al acercarse al río, quedaron asombrados al ver una planta desconocida que crecía en las orillas y se movía con la gracia de una mujer acariciada por la brisa.
La bautizaron junco

La llamaron «Junco». Con sus tallos, aprendieron a crear una variedad de objetos de uso cotidiano, como costureros, cestas, esteras y muchos otros.
Las hábiles manos de los tejedores trenzaban el junco desde esos tiempos remotos.
Esta artesanía ha perdurado a lo largo de las generaciones, llegando hasta nuestros días como un hermoso legado del pasado guaraní.
Mitos y Leyendas agradece tu interés y se despide de ti por el momento y espera que la leyenda del junco haya sido de tu agrado. ¡Hasta la próxima!
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