¿Existen niños “malos” por naturaleza? Psicólogos advierten sobre los riesgos de etiquetar la conducta infantil
Publicado el 05/04/2025 a las 16:40
Publicado el 04/05/2025 a las 21:40
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¿Un niño nace con maldad o la aprende con el tiempo? Esta es una pregunta que ha acompañado por décadas a padres, cuidadores y educadores, y que vuelve a ponerse sobre la mesa en debates sobre salud mental infantil.
La tendencia a calificar a un menor como “bueno” o “malo” según su comportamiento puede tener consecuencias profundas en su desarrollo emocional y en su identidad.
Expertos en psicología infantil señalan que más allá de una supuesta “naturaleza” malvada, lo que existe son patrones de conducta que deben ser entendidos, guiados y corregidos adecuadamente.
Es común que los niños desobedezcan, digan mentiras, se nieguen a seguir órdenes o expresen frustración con gritos o berrinches.
Consecuencias de etiquetar negativamente a un menor

Estas actitudes, aunque retadoras, forman parte del proceso normal de crecimiento y del desarrollo de su personalidad.
Sin embargo, cuando los adultos etiquetan al niño como “malo” sin analizar el contexto, se corre el riesgo de reforzar esas conductas.
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“El problema no es que un niño sea malo, sino que se le haga creer que lo es”, coinciden varios especialistas.
En muchos casos, los niños terminan actuando conforme a las etiquetas que reciben, asumiéndolas como verdades inamovibles.
Es decir, si un niño escucha constantemente que es problemático, desobediente o agresivo, puede comenzar a comportarse de ese modo de forma habitual.
Esto no significa que todos los comportamientos negativos deben ser justificados o ignorados.
Los padres y adultos responsables deben establecer límites claros, acompañados de consecuencias adecuadas que enseñen al menor a reflexionar sobre sus actos.
Además, es necesario promover en casa el diálogo, el reconocimiento de emociones y la empatía, en lugar de únicamente imponer castigos sin explicación.
Comportamientos preocupantes que requieren atención
De acuerdo con ‘El Heraldo de México’, en algunos casos, sin embargo, puede haber señales de alarma que indiquen algo más serio.
Por ejemplo, un patrón continuo de mentiras, desafío a la autoridad, falta de remordimiento o incluso crueldad hacia animales u otras personas.
Estos comportamientos podrían estar relacionados con trastornos del desarrollo o de la personalidad y requieren la atención de un especialista en salud mental infantil.
Entre las señales más comunes que deben alertar a los padres están: decir mentiras de manera constante, no respetar reglas, desafiar figuras de autoridad y mostrar falta total de empatía.
También se consideran preocupantes los actos de violencia física, la maldad hacia animales o una conducta extremadamente egocéntrica.
Si se identifican varios de estos síntomas, es fundamental acudir con un psicólogo infantil o psiquiatra para obtener una evaluación profesional.
El diagnóstico temprano puede marcar una diferencia enorme en la evolución emocional y social del niño.
Aun así, los especialistas insisten en no usar calificativos como “niño malo”, ya que eso no contribuye a la solución del problema.
La importancia de la guía emocional y el entorno familiar
En su lugar, se recomienda señalar la conducta puntual que debe ser corregida y explicar por qué no está bien.
Así, el niño comprenderá que puede equivocarse, pero también aprenderá que tiene la capacidad de mejorar.
Además, hay que recordar que muchas conductas negativas son aprendidas por imitación o resultado de un ambiente sin límites ni consecuencias claras.
Por eso es clave que los adultos modelen con su propio ejemplo comportamientos de respeto, autocontrol y empatía.
Una educación basada en el castigo excesivo, la humillación o el desprecio solo empeora la situación y refuerza las actitudes rebeldes o agresivas.
Finalmente, un entorno familiar que brinda contención, escucha y estructura es fundamental para la salud emocional del niño.
No se trata de negar los problemas, sino de abordarlos con conciencia, respeto y las herramientas adecuadas.
Porque ningún niño nace “malo”; lo que necesita es guía, apoyo y una educación emocional que lo forme para convivir en armonía, según ‘El Heraldo de México‘.
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