Mitos y Leyendas: El otoño y el loro, una historia de la tribu Sélknam
Publicado el 12/13/2023 a las 09:13
Publicado el 13/12/2023 a las 14:13
- Genny de Bernardo te comparte la leyenda del otoño y el loro, proveniente de los Sélknam.
- Esta historia fue recopilada en el libro Sélknam – Tierra de Fuego de Graciela Repún.
- Un joven indio resulta un poco insoportable para el pueblo en esta historia debido a que nunca se calla.
En la lejana Tierra del Fuego, en la tribu sélknam, habitaba un joven indio llamado Kamshout, cuya pasión por las palabras era tan profunda que siempre encontraba algo que decir.
Incluso en los momentos en que no había nada que agregar, repetía las últimas palabras que escuchaba de boca de otros, como si el silencio le resultara insoportable.
Cuando un amigo mencionaba que le dolía la panza, Kamshout respondía inmediatamente: «Claro, la panza». Si una amiga sugería contemplar el cielo estrellado en silencio, él asentía con entusiasmo y luego comentaba:
«Y es mucho más lindo así, cuando uno lo mira con la boca cerrada, ¿no es cierto?».
Kamshout enoja al cacique

Esta costumbre de repetir lo último dicho lo llevaba a compartir palabras de todos los demás, incluso cuando no era necesario.
El cacique, un hombre malhumorado, a menudo se quejaba de la charlatanería de Kamshout y proclamaba: «¡En esta tribu hay indios que hablan demasiado!». Kamshout, sin falta, añadía: «Una palabra más; ¡demasiado!…».
Sin embargo, un día, como todo joven, Kamshout tuvo que partir para cumplir con los ritos de iniciación. La tribu notó su ausencia, y algunos comentaban sobre su partida.
Algunos notaron la diferencia en el ambiente, con la ausencia de sus repetitivas palabras.
El silencio en la tribu

Pasaron días y semanas de silencio y soledad en la tribu, y Kamshout finalmente regresó. Sin embargo, su regreso fue diferente; las aves emigraron al verlo porque ya no había nadie que las escuchara.
Kamshout había cambiado, y su charla giraba en torno a su viaje al Norte, donde los árboles cambiaban sus hojas y la naturaleza experimentaba cambios estacionales.
A pesar de sus relatos sobre primaveras y otoños, hojas verdes que se convertían en doradas y crujientes, y paisajes de colores vibrantes, la tribu no podía creer lo que escuchaba.
¿Árboles sin hojas verdes eternas? ¿Otoño? ¿Árboles que perdían su follaje y luego lo recuperaban? Era demasiado para asimilar.
Un loro gordo en los árboles

El escepticismo general enfureció a Kamshout, quien se esforzó por convencer a su tribu de la verdad de sus palabras.
Sin embargo, su insistencia llevó a una repetición constante de sus historias hasta que sus palabras se mezclaron en un extraño sonido.
La tribu trató de evitarlo, de ignorarlo, pero no notaron su transformación hasta que escucharon una voz proveniente de los árboles: «kerrhprrh, kerrhprrh…». Kamshout se había convertido en un loro gordo, y ya no era posible ignorarlo.
Entonces, una hoja cayó de un árbol. Los miembros de la tribu la recogieron, la tocaron y finalmente la pisaron. La hoja, matizada de dorado, amarillo y rojo, crujió bajo sus pies, confirmando las historias de Kamshout.
La Leyenda del loro y del otoño

Pero Kamshout ya se había ido, volando lejos con su amiga y enamorada. La tribu quedó sumida en un silencio profundo, más intenso que nunca.
Fue solo en la primavera, cuando las hojas volvieron a cubrir los árboles, que Kamshout regresó, acompañado de su compañera y sus hijos.
O al menos, eso es lo que dicen algunos. Otros aseguran que solo escucharon el incesante «kerrhprrh» de los loros desde las copas de los árboles.
Mitos y Leyendas se despide de ti y espera que esta historia del otoño y el loro te haya agradado. ¡Nos vemos en el próximo relato!
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