Redadas de ICE paralizan obras y elevan costos en la industria de la construcción en EE. UU.
Publicado el 07/28/2025 a las 15:20
Publicado el 28/07/2025 a las 20:20
- Redadas provocan retrasos millonarios
- Miedo reduce plantilla laboral
- Costos laborales se duplican
Bajo el sol abrasador de Alabama, Robby Robertson —superintendente de una obra de 20 millones de dólares— recorre un proyecto casi terminado que debía entregarse el 1 de noviembre.
Pero el ambiente es “inquietantemente” silencioso: más de la mitad de sus trabajadores se han ausentado.
¿La razón? Una redada del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Florida, a más de 370 km de distancia.
Desde entonces, el avance se ha detenido tres semanas y solo parte del equipo ha regresado.
“Soy partidario de Trump, pero no creo que las redadas sean la solución”, dijo Robertson, consciente de que incluso quienes tienen papeles temen ser detenidos.
“Tienen miedo solo por el color de su piel. Tienen miedo porque parecen indocumentados”.
Sobrecostos, retrasos y menos trabajadores debido a las Redadas de ICE

Los efectos se replican en todo el país.
Entrevistas con 14 actores del sector construcción —desde CEOs hasta obreros— revelan un patrón: las redadas generan retrasos, sobrecostos y profundizan la escasez de mano de obra calificada.
La industria ya dependía de unos 1.4 millones de trabajadores indocumentados, más que cualquier otro sector.
Tim Harrison, contratista en Alabama, lo resume con crudeza: “Nuestra industria necesita a los trabajadores inmigrantes hispanos”.
Con una tasa de desempleo estatal del 3.2%, encontrar reemplazos es casi imposible.
Y aunque muchos usan el sistema E-Verify, este no impide la circulación de documentos falsos.
Brent Taylor, desde Tampa, también ha visto las consecuencias: sus costos laborales se han duplicado.
“Básicamente, calculan una tarifa por riesgo”, comenta sobre el alza de los pagos exigidos por trabajadores ante el temor de ser detenidos por ICE.
Reacciones encontradas desde Washington
Mientras ICE asegura que sus operativos buscan frenar el tráfico y la explotación laboral, el malestar crece entre empresarios.
“Las amenazas han provocado que incluso equipos completos no se presenten a trabajar”, afirma Jim Tobin, de la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas.
En respuesta, asociaciones del sector —junto con agricultura y hotelería— viajaron a Washington para pedir reformas que otorguen estatus temporal legal a los trabajadores extranjeros.
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Pero la oposición republicana ha frenado cualquier avance.
“Durante 40 años, este país ha hecho poco para preparar a trabajadores estadounidenses en la construcción”, lamenta Brian Turmail, de la Asociación de Contratistas Generales.
Aunque el gobierno impulsa más programas de capacitación, el impacto será a largo plazo. Por ahora, muchos trabajadores se han escondido “por miedo e histeria”, según Harrison.
Entre la ley y la realidad del trabajo

Mientras la Casa Blanca defiende la mano dura migratoria como motor para emplear a estadounidenses de bajos ingresos, el sector construcción enfrenta un dilema: necesita urgentemente manos calificadas, muchas de ellas hispanas, pero el clima político ha minado su presencia.
“El techo, que ya debería estar terminado, sigue incompleto”, lamenta Robertson, preocupado por las lluvias y los costos.
Cada día de retraso implica 4 mil dólares extra para su empresa, que ya calcula pérdidas de hasta 84 mil dólares.
Las redadas migratorias no solo redefinen la política en Washington, también alteran el concreto, la madera y los techos de cientos de obras en todo Estados Unidos.
La industria de la construcción se encuentra atrapada entre la legalidad migratoria y la urgente necesidad de fuerza laboral calificada.
¿Crees que es posible equilibrar la seguridad migratoria con la estabilidad laboral en sectores clave como la construcción?
FUENTE: Forbes
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